Niños retraídos

Los vemos en el patio del colegio y decimos que queremos tener uno como ellos, porque son tranquilos, silenciosos y obedientes. Son la minoría entre tantos bullangueros y revoltosos.

Sí, deseamos que nuestros hijos sean tranquilos, pero, ¿será bueno que lo sean demasiado?

Los niños y niñas con aislamiento o retraimiento, suelen estar apartados del resto, prefieren los juegos en solitario o mantenerse sentados mirando a los demás. Suelen callar sus emociones y necesidades, por lo que evitan pedir lo que necesitan e, incluso, se abstienen de buscarlo por ellos mismos. Sus muestras de afecto pueden ser planas o poco expresivas, no obstante, poseen una excelente capacidad de introspección que les permite comprender mejor sus emociones y controlarlas. Por esta razón, muchas veces los niños con retraimiento, se concentran y aprenden rutinas con más facilidad que otros niños.

La tendencia al aislamiento o retraimiento social, a menudo puede ser confundida con trastornos del desarrollo tales como el déficit de atención, trastornos del espectro autista y retardo en el desarrollo. Una adecuada evaluación puede evitar diagnósticos precipitados. En ocasiones, basta una estimulación diferente para lograr que los niños o niñas más aislados se interesen por las actividades sociales en su grupo de pares.

Es importante observar detenidamente el contexto de relaciones de los niños con retraimiento, si se inhiben sólo ante ciertas personas o situaciones, explorar si hay tensiones continuas en el ambiente familiar o escolar, si se les exige más de lo que pueden dar en determinado momento o si no se les presta atención ni confianza. Mientras más temprano se detecten las causas y se describan las dificultades de interacción, mejor será el desenvolvimiento de estos niños y niñas en su vida social futura

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